Pequeñas diferencias…(II)

– Anécdota 2:

Llamémosle Luis. Vivía en Londres. Digamos que hacía poco que había llegado y aún no se había imbuido en la burocracia británica.

Estaba comprando, en Sainsburys creo, y llegó el momento de pagar. Al parecer había una británica cola detrás de él esperando británicamente el momento de sus británicos turnos.

Ofreció una tarjeta de crédito como medio de pago. El cajero la recogió, usó el TPV y extendió a Luis el tique que recogió para su validación mediante firma. Luis firmó y le entregó también su DNI para que el cajero comparase su firma con la del tique.

Mal.

El cajero no sabía lo que era el DNI. En Inglaterra asocian de alguna manera un documento de identidad con las estrellas en las mangas de los judíos durante el régimen nazi. De manera que comparó la firma del tique con la que figuraba en la tarjeta de crédito y vio que no coincidían, con lo que requirió la presencia del encargado.

Luis discutió durante casi diez minutos ante la cada vez menos británica flema de la británica cola. No conseguía hacer entender al encargado el hecho de que en la tarjeta no figuraba firma, si no una frase.

Pedir DNI.

“Verá, es costumbre en España. El DNI, eh, esto de aquí, lleva mi firma. Entonces, como es único e intransferible, puede comparar los datos de mi tarjeta con los datos del DNI y la firma del tique con la firma del DNI. Es más seguro, sabe?”

El encargado no compró, se quedó con cara de mirar de lejos, como un empleado de Mcdonalds cuando le dices que no quieres patatas con tu menú. Luis, que es muy listo, se dio cuenta rápido de la solución del puzzle.

“Hágame otro tique, por favor”, dijo. “Que me he equivocado al firmar, tiene razón”, dijo.

Sainsburys al final se quedó encantado con un tique firmado por Mr Pedir DNI, mientras Luis comenzó a atisbar las peculiaridades de un sistema burocrático basado en la honestidad. En el principio fundamental de que el ciudadano no miente. El mismo motivo por el que mi pareja accedió al curso sin problema alguno después de la segunda entrevista.

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Pequeñas diferencias… (I)

Para estas primeras entradas, no me resisto a comentar un par de cosas que a mí personalmente me chocaron en su momento y que muestran un poco las diferencias entre dos países.

– Anécdota 1:

Y0, a York, fui con mi pareja. Soy así de punki. Los dos años que estuve, ella estuvo. Hicimos ambos un curso de inglés en la Universidad de York, pero el curso comenzaba cuatro o cinco meses después de haber llegado allí. Mi chica estaba más preocupada que yo por su nivel de inglés y decidió no esperar al comienzo. Se enteró de un curso gratuito que ofertaban en el ayuntamiento de la ciudad reservado destinado a ciudadanos europeos y fue a inscribirse.

El proceso de selección consistió en una entrevista personal y en un formulario que debía rellenar a posteriori. Todo iba perfecto, iba respondiendo a las preguntas con honestidad, hasta que le preguntaron cuánto tiempo pensaba quedarse.

“Pues año y medio o dos”, dijo. “Lo necesario para manejarme en inglés cuando vuelva a España a trabajar”, dijo.

Mal.

La  funcionaria interrumpió y explicó, con modales exquisitos, que el curso ofertado estaba destinado a personas cuya intención fuese quedarse en el país, y no a personas que viniesen de manera temporal. Al fin y al cabo, son recursos de la administración pública.

Sin problema. El día siguiente volvió a intentarlo. Se cambió la raya del pelo e incluso creo que se puso una barba postiza. El caso es que realizó la entrevista de nuevo dando exactamente los mismo datos del día anterior. Llegó el momento de la pregunta eliminatoria y respondió de forma ligeramente diferente.

“La verdad es que nada me ata a España”, dijo. “Mi idea era irme para siempre de ese estercolero y venir a vivir para siempre en esta la más noble de las tierras. Estoy enamorada del Reino Unido”, dijo. O algo así.

“Empieza usted el lunes. Rellene este formulario, por favor”, respondió la funcionaria.